Itzal Arbide es CEO de Bolboreta Innova Group, un ecosistema de innovación aplicada que conecta ciencia, tecnología, empresa e inversión con el objetivo de transformar conocimiento en soluciones reales con impacto positivo y medible.
Desde su estructura basada en tres pilares: Investiga, Impulsa y Desarrolla, Bolboreta acompaña proyectos científicos y tecnológicos desde sus fases más tempranas hasta su transferencia al mercado, ayudando a convertir investigación avanzada en productos, empresas o soluciones aplicables a retos reales.
En esta entrevista hablamos con Itzal sobre cómo funciona este modelo de innovación, el papel de la ciencia deeptech en la creación de nuevas compañías y por qué es clave construir puentes reales entre investigación, tecnología y empresa.
Para empezar, ¿cómo definiríais Bolboreta Innova Group con vuestras propias palabras?
Bolboreta Innova Group es un ecosistema que impulsa la conexión entre ciencia, tecnología y sociedad, evitando que el conocimiento quede aislado y ayudando a transformarlo en soluciones reales, sostenibles y con impacto positivo y medible.
Nuestra propuesta conecta perfiles científicos, emprendimiento, empresa e inversión dentro de una estructura única y con un objetivo claro: que las ideas se traduzcan en cambios tangibles que generen valor para las personas, las organizaciones y el entorno.
¿Cómo nace Bolboreta Innova Group y qué os motiva a ponerlo en marcha?
Bolboreta Innova Group nace de la trayectoria y la visión de su fundador, Rubén Omaña de Santiago, emprendedor desde muy joven y con una clara sensibilidad por la ciencia y la tecnología como motores de cambio. En 1994 fundó Adalid, una empresa de desarrollo tecnológico que se consolidó y permitió construir una base sólida desde la que dar un paso más.
A partir de esa experiencia, decidió orientar la compañía hacia un propósito más amplio: crear un ecosistema que acompañara todo el proceso de transferencia del conocimiento, integrando ciencia, tecnología, inversión y empresa. Así surge Bolboreta Innova Group, con la motivación de transformar ideas científicas en soluciones reales con impacto positivo para la sociedad.
¿Qué tipo de proyectos, ideas o equipos os encontráis habitualmente en vuestro día a día?
En nuestro día a día trabajamos principalmente con proyectos científicos y tecnológicos de alta complejidad, muchos de ellos en fases muy tempranas, que necesitan validación rigurosa antes de poder llegar al mercado.
Desde BIG Investiga acompañamos investigaciones con un fuerte componente deeptech y un claro potencial de transferencia a la vida real. Por ejemplo, proyectos de visión táctil para niños con discapacidad visual, tecnologías de almacenamiento energético para redes renovables, soluciones de arqueología predictiva para la gestión del territorio o iniciativas de estimulación cognitiva apoyadas en realidad virtual. Son proyectos muy distintos entre sí, pero con algo en común: ciencia profunda orientada a generar impacto positivo.
En paralelo, desde BIG Impulsa invertimos y acompañamos iniciativas deeptech que parten de investigación avanzada y combinan ciencia, tecnología e inteligencia artificial para resolver retos complejos.
Y todo ello se apoya en BIG Desarrolla, nuestra área de desarrollo de software, que permite convertir la investigación en soluciones tecnológicas escalables y listas para su adopción en entornos reales.
Bolboreta Innova Group se articula en tres líneas: Investiga, Impulsa y Desarrolla. ¿Qué rol tiene cada una y cómo se complementan?
Bolboreta Innova Group se articula en tres líneas que trabajan de forma complementaria y flexible, adaptándose a las necesidades de cada proyecto en cada momento.
BIG Investiga opera en las fases más tempranas, en TRLs bajos, muy cerca de los equipos científicos. Su rol es estructurar la validación de hipótesis, acompañar la investigación y ayudar a convertir conocimiento en activos transferibles, como patentes, prototipos o pruebas de concepto. Es un tramo crítico del proceso, donde tradicionalmente hay menos actores acompañando a los investigadores.
BIG Impulsa conecta ese conocimiento con el mercado a través de inversión y acompañamiento estratégico, ayudando a que los proyectos con mayor potencial puedan crecer y estructurarse como iniciativas empresariales.
Por su parte, BIG Desarrolla actúa como brazo tecnológico del grupo, ofreciendo desarrollo de software y soluciones digitales que pueden intervenir en cualquier etapa: desde apoyar la validación inicial hasta escalar productos ya en fase de mercado, tanto para proyectos internos como para terceros.
El encaje funciona porque las tres líneas están pensadas para trabajar juntas, evitando silos y fricciones, y permitiendo que los proyectos avancen de forma más coherente y continua desde la ciencia hasta su aplicación real.
Vuestro modelo combina ciencia, tecnología, empresa e inversión. ¿Por qué era importante unir todo eso en un mismo proyecto?
Porque la experiencia nos muestra una tensión muy clara: cuando ciencia, tecnología, empresa e inversión funcionan en paralelo, la transferencia del conocimiento se ralentiza o se pierde por el camino.
Unir estos ámbitos en un mismo proyecto permite intervenir desde fases tempranas, combinando rigor técnico y visión de negocio, para que el conocimiento tenga un recorrido claro hacia su aplicación y pueda traducirse en impacto medible.
¿Cómo acompañáis a los proyectos desde las primeras fases hasta que empiezan a tomar forma como negocio?
El acompañamiento comienza en BIG Investiga, partiendo de una hipótesis científica que ayudamos a estructurar y validar mediante metodologías rigurosas de project management. En esta fase inicial no solo se trabaja el rigor técnico, sino también la posible aplicación futura, el impacto positivo que puede generar y su encaje en un contexto real.
A medida que la hipótesis gana solidez, el proyecto se va ordenando como una iniciativa con recorrido: se definen prioridades, se construye un primer pipeline estratégico y se prepara el terreno para su evolución hacia modelo de negocio. En ese momento, cuando el proyecto empieza a mostrar recorrido como iniciativa empresarial, se refuerza el apoyo con una lógica de venture capital y acompañamiento operativo, con foco en producto, salida a mercado, alianzas, financiación pública y gobernanza.
La capa tecnológica está presente durante todo el proceso. En muchos casos, validar una hipótesis exige desarrollar prototipos, soluciones digitales o componentes técnicos que permitan probar el concepto en condiciones reales. Esta combinación de validación y construcción reduce bloqueos y permite que el proyecto evolucione de forma coordinada hasta empezar a funcionar como negocio.
¿Cómo ayudáis a transformar una hipótesis científica o un desarrollo tecnológico en una solución con mercado real?
El punto de partida es un análisis exigente que prioriza tanto el potencial de impacto como la viabilidad real. En este sentido, se define una ruta de transferencia que convierta el avance en un activo utilizable, como una patente o un prototipo, y se decide la vía más coherente para llegar al mercado. Cabe mencionar que durante ese tramo puede optarse por crear una compañía, construir un producto o activar acuerdos que aceleren la adopción, como licencias o colaboraciones estratégicas.
Además, se incorpora el Venture Builder como vía para crear nuevas compañías desde cero a partir de desarrollos científicos internos que consideramos que tienen un alto potencial.
Desde la parte de inversión y acompañamiento, ¿qué buscáis cuando decidís apostar por un proyecto?
Buscamos una combinación clara entre potencial de crecimiento e impacto positivo, especialmente en proyectos deeptech que parten de una base científica sólida y muestran un recorrido claro hacia su aplicación en el mercado.
Desde la parte de inversión, apostamos por iniciativas en fases tempranas (pre-seed y seed), acompañándolas no solo con capital, sino también con apoyo estratégico y operativo para ayudar a transformar la investigación en proyectos empresariales viables. Nuestra actividad de inversión se centra principalmente en España, con tickets medios en torno a 300.000 euros, siempre alineados con el grado de madurez y las necesidades reales de cada proyecto.
Más allá del retorno económico, ¿cómo medís el impacto de los proyectos que impulsáis?
Para nosotros, medir impacto significa evaluar hasta qué punto una innovación consigue generar un cambio real fuera del laboratorio. No se trata solo de que una investigación avance, sino de que llegue a convertirse en una solución útil, aplicable y con capacidad de mejorar la vida de las personas.
Por eso, hacemos seguimiento de hitos tangibles —como el desarrollo de patentes, prototipos funcionales, acuerdos de licencia o la creación de nuevas compañías—, pero siempre en relación con el problema que el proyecto busca resolver y el valor que puede aportar a la sociedad.
Esta medición incorpora de forma explícita una lectura social: analizamos si la solución contribuye a retos colectivos, si tiene potencial de adopción en contextos reales y si puede generar un impacto positivo y medible en su entorno. La ambición no es solo que la innovación funcione, sino que importe y tenga sentido para quienes la van a utilizar.
Mirando al futuro, ¿qué tipo de proyectos o ámbitos tecnológicos os interesa especialmente impulsar y qué papel queréis jugar en el ecosistema?
Mirando al futuro, queremos reforzar nuestro papel como ecosistema completo de transferencia del conocimiento, con mayor capacidad para atraer talento, generar confianza y canalizar recursos hacia proyectos científicos con propósito y aplicación real.
Nos interesa especialmente impulsar ámbitos deeptech donde la ciencia pueda generar transformaciones profundas, como la neurociencia y la salud digital, la energía limpia o aquellas tecnologías emergentes que combinan investigación avanzada con impacto social y medioambiental.
Nuestro papel en el ecosistema es claro: acompañar a los equipos desde las fases más tempranas, aportar estructura, criterio y apoyo tecnológico y financiero, y ayudar a que las ideas científicas recorran todo el camino hasta su adopción en la vida real. El reto será seguir creciendo sin perder el equilibrio entre rigor y agilidad, manteniendo una forma de trabajo cercana que respete los tiempos de la ciencia y ponga a las personas en el centro.